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¿Cómo influye la apariencia de una mujer en el trabajo?

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Si observas cómo se visten las mujeres en distintos países en un entorno laboral, te darás cuenta de que las costumbres son más relajadas en algunos lugares que en otros.

Dependiendo del país en el que reside, del tipo de trabajo y del cargo que ocupe una mujer, se hacen algunos ajustes relacionados con el largo de la falda y de las mangas de camisa, el pelo recogido o suelto, el maquillaje discreto o más notorio.

Es una opinión comúnmente aceptada que las mujeres visten de forma más aséptica cuando trabajan en ámbitos que han sido tradicionalmente masculinos como la abogacía, las finanzas, la política y el mundo académico.

¡Como te ven te tratan!

La manera de vestir revela muchos aspectos y símbolos externos de una persona, que nos indican el rechazo o pertenencia de esta a una sociedad. Asimismo, la ropa nos brinda información sobre la clase social, el género, los rasgos de personalidad, la raza, la etnia y la cultura de las personas de nuestro entorno.

En el ámbito laboral, muchas veces la manera en cómo nos vestimos, determina cómo nos tratan. De allí viene el interés que ponemos en el cuidado de nuestra apariencia cuando nos presentamos a una entrevista de trabajo.

Minh-Ha T. Pham, especialista en temas de género y raza, dice que un acto tan simple y tan íntimo como vestirnos puede llegar a tener consecuencias políticas y económicas.

¿Por qué una mujer puede llegar a renunciar a su feminidad en el trabajo?

Muchas mujeres que ocupan altos cargos rehúsan llevar un atuendo más femenino porque les preocupa dar la imagen de frívolas y que esta idea pueda influir en la percepción de sus capacidades intelectuales y habilidades profesionales.

Dentro de una empresa hay diferencias entre la forma de vestir de las mujeres según la categoría profesional que ocupan. Una secretaria, puede llevar vestidos estampados o utilizar colores más alegres. En cambio, una mujer con un alto cargo, utiliza su atuendo como proyección de su poder, ambición profesional y autoafirmación de su plusvalía y responsabilidad.

Un hombre no necesita utilizar un traje para mostrar su poder, al considerar que su propia condición masculina le inviste de un poder originario.

¿Es posible que los hombres sean juzgados todavía por sus obras y las mujeres por su apariencia?

Durante siglos, la mujer ha sido la encargada de las tareas del hogar y del cuidado de sus hijos. En algunas culturas, se exige a las mujeres un mayor cuidado en su apariencia física para agradar a su pareja.

Esta es una de las razones por las que el sexo juega un papel importante cuando una mujer viola las normas establecidas para vestir en determinados entornos laborales. Tradicionalmente, a la mujer se le ha asociado con la belleza, la sensibilidad, la delicadeza y la sensualidad.

En la mayoría de las culturas, algunos rasgos de personalidad como la confianza, la asertividad o la competitividad, están asociados con la masculinidad. Estas asociaciones inconscientes pueden afectar directamente a la manera en cómo se evalúa a una mujer y en el éxito que pueda tener en su carrera profesional.

Por ello, cuando no sigue las normas de etiqueta establecidas por la sociedad, se le juzga por su apariencia en lugar de enfocarse en su desempeño laboral.

En un entorno académico, si un hombre utiliza ropa menos formal o es más descuidado, por ejemplo, lleva zapatos desgastados o pantalones arrugados, es percibido como “intelectual” o “excéntrico”.

A una mujer que viste de la misma manera, se le atribuyen características diferentes: “desorganizada”, “muy mayor para arreglarse”, “descuidada por el cuidado de los niños” o incluso “poco profesional”.

En el ámbito de la empresa muchas mujeres tratan de disimular determinados rasgos identitarios con el fin de neutralizar los estereotipos que se les adjudican por su origen cultural, “las africanas son salvajes”, “las latinas son súper sexuales” o “las asiáticas son sumisas”.

La socióloga Rosa Weitz, entrevistó a mujeres de diferentes culturas para la revista “Género y Sociedad”. Una asiática admitió que rizaba su pelo para no sentirse demasiado “oriental”.

Una afroamericana entrevistada por Charisse Jones y Kumea Shorter – Gooden, para su libro “Shifting the double life of Black Women in America”, comentó que nunca se presenta a una entrevista o a un nuevo trabajo sin alisarse el pelo.

Según los valores que se quieran defender y el origen cultural, a las mujeres que llevan ropa étnica, se les juzga de manera diferente. En el mundo de los negocios son etiquetadas como tradicionales, poco modernas y conservadoras.

Si una mujer se viste como ejecutiva para ser valorada profesionalmente, significa que en la sociedad actual aún no tenemos claro que una mujer no tiene que parecerse a un hombre para desempeñarse apropiadamente en determinados puestos de trabajo.

De esta manera, se reviven prejuicios que pensábamos que se habían superado: “Una mujer que adopta un estilo muy femenino está más preocupada por su aspecto personal que en su trabajo”, “Una mujer no puede ser atractiva e inteligente a la vez”, etc.

En algunas culturas, se considera que exponer la piel es una herramienta que las mujeres utilizan para atraer a los hombres de forma romántica o sexual. Cuanta más “piel” se muestre en el entorno laboral, hay más oportunidades de interpretar que una mujer está buscando una pareja o una aventura.

En este sentido, una mujer que viste de forma más femenina, llevando ropa que hace destacar su silueta o usando zapatos de tacón alto, puede ser hipersexualizada y correr el riesgo de que la acusen de tener conductas provocativas.

¿Una mujer que lleva los hombros descubiertos, ropa ajustada o escote es responsable de distraer a sus compañeros de trabajo o a sus clientes potenciales?

Desde mi perspectiva, este es un tema más de actitud que de forma de vestir. Ni una mujer está provocando siempre a los hombres, ni todos los hombres piensan que están siendo conquistados. Se necesita educar tanto a hombres y mujeres, para normalizar la percepción del cuerpo femenino y no reducirlo solamente a la sexualidad.

Una mujer debe vestirse como desee. Es totalmente legítimo que priorice estar cómoda antes de que se decante por su apariencia personal. También, una mujer puede vestirse de forma masculina o más femenina.

Si la ropa que lleva una mujer la define de forma pública esta se ve en la posición de decidir entre ser ella misma y hacer un balance sobre las repercusiones que esta elección puede tener. Por desgracia, el ambiente es tan poderoso que obliga a algunas mujeres a no mostrarse de forma auténtica.

¿Sigue existiendo un doble estándar en nuestra sociedad?

¿A las mujeres se les requiere para aparentar, para cuidarse a sí mismas y lucir de forma adecuada y profesional?

La manera de vestir en una mujer es mucho más importante de lo que pensamos. Un vestido le dice al mundo qué clase de trabajo hace, si lo toma en serio y lo más controversial de todo, qué tipo de mujer es.

Las mujeres tendrían que tener la posibilidad de elegir lo que quieren y no quieren llevar. En los distintos ámbitos laborales se debe crear un ambiente en el que cada persona pueda hacer sus elecciones libres de imposiciones con el fin de respetar, proteger y asegurar el derecho a expresar sus creencias, convicciones personales y su propia identidad.

¡Todos tenemos derecho a la libre expresión!

Mercedes Valladares Pineda
Psicóloga y Coach Transcultural

ACERCA DE LA AUTORA

MERCEDES VALLADARES PINEDA, trabaja en Madrid de forma presencial. Y, a través de plataformas on line, a nivel internacional. Facilita procesos de coaching personal, de negocios y formación a medida a empresas y «one to one» a individuos. Utiliza la psicología y la cultura como dos herramientas que se retroalimentan mutuamente. Por ello, actúa como facilitadora de integración a las personas que quieren adaptarse a otra cultura en tiempo récord para sacar el mejor rendimiento económico y personal durante su estancia en otra cultura. Asimismo, ayuda a parejas mixtas a superar barreras culturales que producen malos entendidos. Ha creado su propio modelo de trabajo inspirado en la Psicología Humanista y el respeto a los Derechos Humanos. Trabaja con expatriados, cooperantes internacionales, ONG, escuelas de negocios y universidades, diplomáticos, cónyuges de diplomáticos y familias de expatriados que necesitan orientación en una nueva cultura.

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