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¿Por qué no nos quieren en Latinoamérica?

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¿Por qué no nos quieren en Latinoamérica?

En la ronda de preguntas de una clase que trataba la importancia de adquirir competencias interculturales en entornos internacionales, un participante inquirió: ¿por qué no nos quieren en Latinoamérica? Después de una breve pausa, -continuó: los españoles lo único que queremos es hacer el bien y ayudar. ¿Por qué en Latinoamérica no olvidan la época de la conquista? ¡Tampoco fue para tanto!

Esta pregunta no me sorprendió en absoluto porque en algunos ámbitos el tema de la conquista española sigue siendo recurrente entre latinoamericanos y españoles.

Al otro lado del charco, todavía se escucha esta frase: “los españoles se llevaron nuestro oro”.

Una diplomática nicaragüense cuenta con asombro que en la España de los años 70 las guías turísticas del Museo del Prado eran muy simpáticas y que, relataban con mucho desparpajo, la historia de los cuadros y objetos del museo. En una visita, una guía -refiriéndose al origen de una colección de joyas- explicó: Esta pieza fue confeccionada con el oro que nos trajimos de América.

No cabe duda de que los españoles que se marchan a Latinoamérica por asuntos relacionados con trabajos, como por ejemplo, en el ámbito de la cooperación al desarrollo, quieren hacer el bien. El problema es que a veces ayudamos desde nuestra propia perspectiva.

Recuerdo que en mis clases en la -Escuela de Profesionales de Inmigración y Cooperación- de la Comunidad de Madrid, una profesora contó una anécdota que ocurrió, mientras trabajaba como funcionaria de la OTC, -Oficina Técnica de Cooperación- en Honduras.

A finales de los años 90 del siglo pasado, los representantes de una pequeña aldea de ese país solicitaron al equipo técnico español, la construcción inmediata de una piscina.

¡La perplejidad invadió el rostro de los técnicos españoles! Y solo comprendieron el alcance de esa petición, cuando profundizaron en las necesidades de la aldea. Una de sus carencias, era la falta de agua y este hecho, tenía como consecuencia que los niños se ahogaban cuando iban a recoger agua al lago para ayudar a sus madres en las tareas domésticas. ¡Estas necesitaban la piscina para enseñarles a sus hijos a nadar!

Los problemas se multiplican aún más cuando creemos que nuestra perspectiva es la mejor dado que no nos molestamos en investigar otros puntos de vista.

Le sugerí al participante, que podría ser un ejercicio interesante revisar la perspectiva histórica de los libros en todas las escuelas del mundo porque es en la infancia, por medio de la educación, cuando hacemos nuestras primeras interpretaciones sobre las diferencias culturales.

Nos enseñan que un país es mejor que otro y crecemos con ideas patrióticas que no terminamos de encajar. Recuerdo que de pequeña, me preguntaba si durante la guerra entre Nicaragua y Honduras a finales de la década de los 50, Honduras pertenecía a los “buenos” y Nicaragua a los “malos”. Asimismo, percibía a los estadounidenses como aliados y a los rusos como enemigos.

El psicólogo estadounidense, Albert Ellis hizo una clasificación sobre las distorsiones del pensamiento en personas de culturas occidentales y una de las más comunes es el pensamiento blanco vs. pensamiento negro o pensamiento polarizado.

Este tipo de pensamiento se caracteriza porque no hay puntos intermedios: bueno-malo, bonito-feo, todo-nada, lleno-vacío. Algunas frases populares desmontan esta manera de pensar: “Entre el blanco y el negro hay un sinfín de tonalidades grises”, y nos da una idea de que los hechos no están ubicados solo en un extremo de un continuum.

Fomentar el cuestionamiento de los hechos históricos es un deber de los gobiernos, de las instituciones educativas, de los empresarios, de los padres, de la iglesia y del mundo en general.

De esta manera favorecemos:

1. Pensamiento crítico: hacemos un balance de los hechos y entendemos las perspectivas culturales que están en juego.

2. Evitamos posturas extremas: ni víctimas ni villanos: “Hay bondad en el villano y maldad en el virtuoso”.

3. Asumimos la responsabilidad de nuestros hechos: En Latinoamérica se podría optar por esta actitud: “Las políticas públicas deben adaptarse a nuestra realidad” y la postura española: “Evaluaremos de forma conjunta vuestra perspectiva y las soluciones que proponéis”.

¿Los españoles son los perpetradores y los latinoamericanos las víctimas?

¡Ni todo o nada, ni blanco ni negro, ni lleno ni vacío, ni verdadero ni falso!

Mercedes Valladares Pineda
Psicóloga Experta en Coaching Transcultural

ACERCA DE LA AUTORA

Mercedes Valladares Pineda, trabaja en Madrid de forma presencial. Y a través de plataformas on line, a nivel internacional. Facilita procesos de coaching personal, de negocios y formación a medida «one to one» y para empresas. Utiliza la cultura y la psicología como dos herramientas que se retroalimentan mutuamente. Por ello, facilita procesos a personas que quieran adaptarse a diferentes culturas, aumentar su autoestima cultural y aprender a gestionar la ansiedad y el estrés cultural. Asimismo, ayuda a parejas mixtas a superar las barreras culturales que les dificultan su comunicación. Ha creado su propio modelo de trabajo inspirado en la Psicología Humanista y el respeto a los Derechos Humanos. Trabaja con expatriados, cooperantes internacionales, organismos internacionales, ONG, escuelas de negocios, universidades, diplomáticos, cónyuges de diplomáticos y familias de expatriados que necesitan orientación en una nueva cultura.

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